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El Poder de la Intercesión: Cuando Alguien se Pone en la Brecha

24 de septiembre de 2025 por
Esteban Arispe
| Todavía no hay comentarios

Hay momentos en la vida cristiana donde sentimos el peso de un mundo quebrantado. Noticias de violencia, familias destruidas, corazones vacíos que corren detrás de todo menos de Dios. En medio de este panorama surge una pregunta: ¿qué puede hacer un creyente común frente a tanta oscuridad?

La respuesta de la Escritura es clara: interceder.

Efesios 6:18 nos exhorta:

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.”

No se trata de una oración cualquiera, sino de esa oración que se eleva no por uno mismo, sino por otros. La intercesión es la voz del creyente que se presenta ante Dios en favor de aquellos que no tienen fuerzas, no saben orar o incluso no quieren acercarse al Señor.

¿Qué significa interceder?

En el mundo antiguo, la palabra intercesión evocaba la imagen de alguien que se presentaba ante un rey, no para pedir algo para sí mismo, sino para suplicar por otro. En lo espiritual, significa que nos colocamos delante de Dios como abogados de alguien más, llevamos sus necesidades, sus luchas y, muchas veces, su salvación.

No es un invento humano. Jesús mismo es nuestro gran intercesor (Hebreos 7:25). Él vive para presentarse ante el Padre por nosotros. Cada vez que oramos en intercesión, imitamos a Cristo, participamos de su ministerio y reflejamos su corazón.

Abraham: el modelo de un intercesor

Uno de los pasajes más impresionantes sobre intercesión lo encontramos en Génesis 18:17-33, cuando Abraham se enteró de que Sodoma y Gomorra serían juzgadas.

Dios podría haber guardado silencio, pero decidió compartir su propósito con Abraham. Y Abraham no se quedó callado: levantó su voz.

“¿Destruirás también al justo con el impío?… Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío… ¿El Juez de toda la tierra no ha de hacer lo que es justo?”

El relato nos muestra cuatro características esenciales de la intercesión:

  1. Audacia espiritual: Abraham se atrevió a dialogar con Dios, sin miedo, con confianza.
  2. Humildad: Reconoció su pequeñez: “soy polvo y ceniza.”
  3. Conocimiento del carácter de Dios: Abraham apeló a la justicia y misericordia del Señor.
  4. Persistencia: Insistió hasta reducir de 50 justos a 10.

Aunque Sodoma no llegó a tener ni esos 10 justos, la oración de Abraham no fue en vano. Retrasó el juicio, moderó la severidad y permitió que Lot y su familia fueran rescatados. Así es la intercesión: aunque no cambie todos los resultados, siempre abre caminos de misericordia.

Rasgos que marcan al verdadero intercesor

  1. Un diálogo con Dios
    La oración intercesora no es un monólogo. Abraham no solo habló, también escuchó. El intercesor entiende que lo más poderoso no está en su clamor, sino en la respuesta y dirección que recibe en el silencio.
  2. Confianza en la sangre de Cristo
    Si Abraham, con sacrificios de animales, tuvo acceso al trono divino, ¡cuánto más nosotros que tenemos la sangre de Jesús! La intercesión hoy se hace desde un acceso directo, libre y confiado (Hebreos 4:16; 10:19-22).
  3. Audacia con reverencia
    El intercesor se mueve entre la osadía y la reverencia: habla como hijo, pero respeta al Rey. Suplica con valentía, pero con un corazón quebrantado.

El clamor de un mundo en crisis

La Biblia dice que los pecados de Sodoma clamaban hasta el cielo (Gn 18:20). Hoy el mundo también levanta un clamor con su rebeldía:

  • Orgullo desmedido.
  • Rechazo a Dios.
  • Pecados sexuales celebrados sin vergüenza.
  • Injusticia, violencia y corrupción.

Pero antes de traer juicio, Dios siempre levanta atalayas, predicadores e intercesores (2 Pedro 2:5; Jeremías 25:4). Hoy esa responsabilidad recae sobre nosotros.

La intercesión comienza en casa

Abraham creyó que su sobrino Lot había alcanzado al menos a diez personas en su entorno, pero ni siquiera su familia inmediata respondió (Génesis 19:12-14). Sus yernos se burlaron, y la ciudad pereció.

La lección es clara: el primer campo misionero es la familia. Antes de clamar por una nación, debemos doblar rodillas por nuestros hijos, cónyuge, padres y hermanos.

Cómo interceder por los perdidos

El intercesor no ora de manera vaga; ora con propósito y dirección bíblica:

  • Por convicción de pecado: que el Espíritu Santo les muestre su necesidad de Dios (Juan 16:8).
  • Por revelación de Cristo: que entiendan que solo Jesús salva (Hechos 4:12).
  • Por valentía para responder: que invoquen el nombre del Señor y reciban salvación (Romanos 10:13).

Intercesión: un arma espiritual

La intercesión no es un acto piadoso opcional; es una batalla real. Ezequiel 22:30 dice:

“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.”

Qué triste es que en tiempos de crisis, Dios no encontró un intercesor. ¿Será así en nuestros días, o habrá quienes se levanten como Abraham, como Moisés, como Ana, como Jesús?

Una invitación al corazón

El llamado hoy es sencillo pero radical: elige a alguien por quien interceder. Escríbelo en tu corazón, menciónalo en tu oración diaria, y permite que el Espíritu Santo te guíe. Esa oración puede salvar una vida, cambiar una familia, detener un juicio o abrir un camino de gracia.

La intercesión no siempre se ve de inmediato, pero en el cielo queda registrada. Y cada vez que alguien es alcanzado, Dios recuerda las lágrimas de los que oraron en secreto.

🙌 Aplicación práctica:

  • Haz una lista de nombres por quienes clamarás.
  • Separa un tiempo semanal de oración intercesora.
  • Después de orar, guarda silencio: el Espíritu te mostrará cómo actuar.

La intercesión es más que un deber espiritual: es un privilegio de hijos que cargan en su corazón el peso de otros. Si Cristo vive para interceder, ¿no deberíamos nosotros hacer lo mismo?

Esteban Arispe 24 de septiembre de 2025
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